Sostenibilidad

Un proceso que puede mantenerse por sí mismo se puede calificar como sostenible. Suele utilizarse también sustentable, derivación del término inglés sustainable.

El mantenerse por sí mismo alude a una condición de equilibrio. Todo objeto y ser vivo pueden entonces, si se dan las condiciones, mantenerse en equilibrio, es decir conservar una situación que puede perdurar en el tiempo si permanecen esas condiciones o se cambian por otras igualmente favorables.

Este equilibrio puede darse por su estabilidad ante fuerzas físicas (gravedad, viento, sismo, etc.) o también puede producirse dentro de un sistema más complejo donde intervienen factores ambientales diversos. Los seres vivos estamos sujetos a la acción de numerosos agentes que nos afectan: físicos, químicos, emocionales, y reaccionamos ante ellos gracias a la capacidad de adaptación.

La historia humana, igual que la de todas las especies vivientes, es una sucesión de adaptaciones. Pero el hombre gracias a ciertas habilidades que fue desarrollando a lo largo de milenios pudo invertir en diversos grados esa ley, convirtiéndose poco a poco él mismo en agente modelador de las condiciones ambientales. Es verdad que ciertas especies animales y vegetales lo hacen también, pero en un ámbito de acción mucho menor.

Nido de hornero. Foto: LU17.com
Represa de Itaipú. Foto: Jonas de Carvalho

El ser humano ha llegado a cabo de muchos siglos a ser capaz de producir cambios ambientales a gran escala: desde la creación de la agricultura hasta la revolución industrial, desde el dominio del fuego hasta la comunidad global de nuestros días.

A medida que el desarrollo de las sociedades humanas fue requiriendo de más recursos surgieron los daños ambientales, es decir, la pérdida del equilibrio. A raíz de las intervenciones más agresivas en el medio se registraron por primera vez cambios importantes en los ecosistemas causados por la acción humana: talas extensivas de bosques, canteras, desvío de cursos de agua, etc.

Hasta el siglo XVIII el efecto ambiental fue limitado. Fue entonces cuando se produjo el aceleramiento del proceso gracias a la fuerza proporcionada por el carbón y el vapor y los nuevos medios de transporte mucho más perfeccionados que permitieron llegar a todas partes del mundo. Nació la equivocada creencia de que el crecimiento es ilimitado y los recursos inagotables, que impuso la explotación de todo lo posible sin freno ni escrúpulo.

A lo largo de dos siglos esta idea de crecimiento sin fin se impuso hasta el extremo, al límite de toda racionalidad, hasta que en la segunda mitad del siglo XX se notaron los síntomas de este mal que se cobró la existencia de incontables ecosistemas y puso en peligro la estabilidad del sistema global. Se comprendió entonces que una vez roto el equilibrio sería muy difícil componer uno nuevo y preservar la sostenibilidad.

Con el objeto de delinear políticas internacionales para poner freno al deterioro ambiental y como respuesta a las crisis energéticas del petróleo de los años 70, las Naciones Unidas desarrollaron sucesivas cumbres, llamadas Conferencias de la ONU sobre el Medio Ambiente que se conocen como Cumbres de la Tierra. La primera se celebró en 1972. En estas cumbres se acuñó la expresión Desarrollo Sostenible, concepto expresado por primera vez en el llamado Informe Bruntland de 1987.

Este informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de la ONU bajo el título Our Common Future (Nuestro futuro común) basa el desarrollo sostenible en 3 pilares: Sociedad, Economía y Medio ambiente.

Deforestación del Amazonas. Foto: Infocampo.com.ar

El informe Brundtland, llamado así por el apellido de la ex primera ministra noruega que encabezó la comisión encargada de redactarlo, define el Desarrollo Sostenible como: Desarrollo que cubre las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades.

El término había sido acuñado en 1713 por Hanns Carl von Carlowitz, jefe de la guardia forestal de Sajonia, quien difundió el llamado Ejemplo del bosque para explicar el concepto de sostenibilidad: «Si talamos un poco de madera de un bosque, él solo se regenera y sigue produciendo más madera todos los años, pero si cortamos todos los árboles, el bosque desaparecerá y nunca más volverá a producir madera».

El objetivo del Desarrollo Sostenible es definir proyectos viables y reconciliar los aspectos económico, social y ambiental de las actividades humanas, los tres pilares que deben tenerse en cuenta por parte de las comunidades, las empresas y las personas. El Informe Brundtland establece definiciones para los conceptos de sostenibilidad.

Sostenibilidad económica: se da cuando la actividad enmarcada en la sostenibilidad ambiental y social es financieramente posible y rentable.

Sostenibilidad social: basada en el mantenimiento de la cohesión social y de la capacidad para trabajar en conseguir objetivos comunes.

Sostenibilidad ambiental: compatibilidad entre la actividad desarrollada y la preservación de la biodiversidad y de los ecosistemas, evitando la degradación del ambiente.

Triple resultado (TBL, de Triple Bottom Line, en alusión al resultado neto expresado en el último renglón del estado de resultados contables): Método basado en la medición de indicadores de las tres áreas del desarrollo sostenible: económica, social y ambiental. La expresión fue utilizada por primera vez por John Elkington en 1994.

Otros conceptos que han sido desarrollados en las últimas décadas son:

Ecología: Rama de la Biología que estudia las interacciones de los seres vivos con su medio. El término Ökologie fue introducido en 1869 por el alemán Ernst Haeckel en su trabajo Morfología General del Organismo. Está compuesto por las palabras griegas oikos (casa, vivienda, hogar) y logos (estudio o tratado), por ello Ecología significa «el estudio de los hogares» y del mejor modo de gestión de ellos.

Ahorro energético: obtención de un resultado minimizando el consumo de energía.

Eficiencia energética: hace referencia a todas las acciones que tienden a reducir el consumo de energía. La eficiencia energética debe conducir a mantener o mejorar la calidad de un resultado anterior con un menor consumo de energía.

A raíz de las crisis energéticas mundiales fueron implementadas políticas de ahorro de energía que produjeron en algunos países con mayor desarrollo una reducción del 20% el consumo para los mismos bienes desde 1970 hasta 2010: Las industrias, aviones, automóviles, calefacción, disminuyeron sus requerimientos energéticos.

Sin embargo en los países en desarrollo, aunque el consumo de energía por persona es mucho menor que en los países desarrollados, la eficiencia en el uso de energía no mejoró, en parte porque las tecnologías usadas quedaron anticuadas.

En 1992 se creó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que en 1995 celebró la primera Conferencia de Partes (COP) para reforzar a escala mundial la conciencia pública de los problemas relacionados con el cambio climático. En  1997 fue redactado el Protocolo de Kioto​, acuerdo internacional que tiene por objetivo reducir las emisiones de seis gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global.

El protocolo no entró en vigor hasta el 16 de febrero de 2005. Fue firmado por 187 estados, aunque Estados Unidos nunca lo ratificó. La COP18 de Doha estableció un segundo periodo de vigencia del Protocolo de Kioto desde 2013 y hasta el final de 2020. Sin embargo, muchos de los países industrializados, como Estados Unidos, Rusia y Canadá, decidieron no respaldar la prórroga

Protocolo de Kyoto. En verde: Países quer ratificaron el acuerdo. Fuente: Climate-change-guide.com

En ese marco, el 24 de mayo de 2015 el Vaticano publicó la Encíclica Laudato Si, que pone en primer plano el problema medioambiental llamando a “cuidar la casa común” ante “los daños causados por el abuso humano”.

En 2015 se desarrolló en París la COP21 con el objeto de alcanzar un acuerdo universal sobre el clima que se materializó en el Acuerdo de París. Las sucesivas Conferencias de Partes buscaron llevar a la realidad lo acordado en París, aunque los avances son lentos. La próxima (COP 26) se desarrollará en Glasgow en noviembre de 2020.